martes, 15 de noviembre de 2011

No sé, me importa un pito que las mujeres... - Oliverio Girondo



No sé, me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de sorportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando




lunes, 14 de noviembre de 2011

 Alguna vez escribí esto:
"Estimadisimo Sr, he decidido en un rapto autoritario de mi conducta que la mejor forma de comunicación entre nosotros tiene que ser el e-mail. Me baso en los siguientes argumentos: mi falta de paciencia con los servicios de mensajería instantánea y mi necesidad, si se quiere, de no perder el contacto con una persona tan interesante. Por lo demás, quiero decirle que hoy note su falta al no encontrar otro ser humano capaz de rebatir mis críticas con otras peores. Cosa que me pareció demasiado aburrida, considerando mi tan característico gusto por generar controversia todo el tiempo. Sin embargo debo hacerle una confesión, creo que pelearlo últimamente se ha vuelto excitante e inspirador y no veo la hora  de poder generar uno de estos debates en otros ámbitos que me permitan un contacto directo y tangible con su persona. Espero que esta confesión no lo abrume y solo sea vista como un claro ejemplo de apertura de mi persona hacía usted. Se ha ganado mi confianza y es algo que no suelo dar a menudo, sepa usted resguardarla como un tesoro. Sin más deseo que saber su actual estado, me despido con un beso y un abrazo, por ahora virtual, pero pausibles de ser realizados en el mundo de la tangibilidad."
Y me respondieron esto:
"                                                                                                                                        "

martes, 18 de octubre de 2011

Las Máximas de la Kaoti

Hoy estaba de mal humor, de muy mal humor. No soy yo, son mis ovarios. Por eso decidí superar este trance y me puse a caminar hasta el chino, en busca de algo rico que comer, obvio. Pero sin embargo mi cabeza no paraba de pensar hasta que me reveló una nueva alternativa. Si no podía sentirme linda, flaca, exitosa y con alguien que me quiera tenía que ser creativa, esa era mi única salida. Más allá del melodrama que me generan estos malditos ovarios una vez por mes, había algo de cierto, algo que me iluminó mientras caminaba. Así que, entre pasos y pasos, pensé estas máximas necesarias (?) para la mujer de hoy.


#1 Ninguna mujer es fea si tiene concha. 


#2 Siempre hay un hombre dispuesto a tener sexo con lo primero que encuentre.


#3 El hecho de tener una argolla no significa que debas encastrarla en cualquier pija. 


#4 Si sos de esas mujeres que le gusta la pija más que al dulce de leche, nunca pero nunca te enamores.


#5 Si te enamoras de una pija, procura que te haga reir después del polvo.


#6 Recuerda que los hombres no son sólo pijas con patas, también tienen sentimientos. 


#7 Nuestra amiga, la coherencia, siempre te abandona cuando estas enamorada, procura tener su teléfono cerca.  


#8 Quiérete siempre a pesar de todo.






Tengo hasta ahí... Después veo si se me ocurren más....


Gracias por leer y compartir.




Carla.- 18/10/2011

domingo, 29 de mayo de 2011

Pequeños tesoros: Cartas de Amor de famosos históricos (Tercera entrega)


"París, 29 de marzo de 1845



Soy el mismo, como antes, enemigo declarado de la realidad existente, sólo con esta diferencia: que he cesado de ser teórico, que he vencido, en fin, en mí, la metafísica y la filosofía, y que me he arrojado enteramente, con toda mi alma, en el mundo práctico, el mundo del hecho real.
Créeme, amigo, la vida es bella; ahora tengo pleno derecho a decir eso, porque he cesado hace mucho de mirarla a través de las construcciones teóricas y a no conocerla más que en fantasía, porque he experimentado efectivamente muchas de sus amarguras, he sufrido mucho y he caído a menudo en la desesperación.
Yo amo, Pablo, amo apasionadamente: no sé si puedo ser amado como yo quisiera serlo, pero no desespero; sé al menos que se tiene mucha simpatía hacia mí; debo y quiero merecer el amor de aquella a quien amo, amándola religiosamente, es decir, activamente; ella está sometida a la más terrible y a la más infame esclavitud y debo libertarla combatiendo a sus opresores y encendiendo en su corazón el sentimiento de su propia dignidad, suscitando en ella el amor y la necesidad de la libertad, los instintos de la rebeldía y de la independencia, recordándole el sentimiento de su fuerza y de sus derechos.
Amar es querer la libertad, la completa independencia de otro; el primer acto del verdadero amor es la emancipación completa del objeto que se ama; no se puede amar verdaderamente más que a un ser perfectamente libre, independiente, no sólo de todos los demás, sino aun y sobre todo de aquel de quien se es amado y a quien se ama.
He ahí mi profesión de fe política, social y religiosa, he ahí el sentido íntimo, no sólo de mis actos y de mis tendencias políticas, sino también, en tanto que puedo, el de mi existencia particular e individual; porque el tiempo en que podrían ser separados esos dos géneros de acción está muy lejos de nosotros; ahora el hombre quiere la libertad en todas las acepciones y en todas las aplicaciones de esa palabra, o bien no la quiere de ningún modo; querer la dependencia de aquel a quien se ama es amar una cosa y no un ser humano, porque no se distingue el ser humano de la cosa más que por la libertad; y si el amor implicase también la dependencia, sería lo más peligroso e infame del mundo, porque sería entonces una fuente inagotable de esclavitud y de embrutecimiento para la humanidad.
Todo lo que emancipa a los hombres, todo lo que, al hacerlos volver a sí mismos, suscita en ellos el principio de su vida propia, de su actividad original y realmente independiente, todo lo que les da la fuerza para ser ellos mismos, es verdad; todo el resto es falso, liberticida, absurdo. Emancipar al hombre, he ahí la única influencia legítima y bienhechora.
Abajo todos los dogmas religiosos y filosóficos –no son más que mentiras–; la verdad no es una teoría, sino un hecho; la vida misma es la comunidad de hombres libres e independientes, es la santa unidad del amor que brota de las profundidades misteriosas e infinitas de la libertad individual."


Carta a Pablo, 

 Mijail Bakunin


sábado, 26 de febrero de 2011









Veo el mar y encuentro la paz. Veo en su fuego azul el anuncio de un devenir constante, de una ola que no quiere marcharse y se aferra con sus uñas, que son espuma, a la orilla arenosa en donde estoy sentada, contemplando el amanecer.
Me preparo para sucumbir en sus aguas. Sé que en esta ola mi mar me llevara alto. Me dejará tocar el cielo. El mismo que con sus destellos de sol me mostrará otra verdad. La nuestra, la que solo el mar y yo podemos compartir. Me caigo de la tabla, no me duele. Me subo.
Creo que llegaré alto, este mar me lo esta anunciando. Sé que quiere que siga nadando. Retrocede, no quiere herirme. Al instante siento como vuelven las uñas espumas para aferrarse aun más en la arena. Me aferro a mi tabla y me preparo para surfearla una vez más. 
Siento mi corazón latir muy fuerte, y mis ojos se achinan  para dejarle lugar a mis pómulos que se levantan detrás de una gran sonrisa. Veo la excitación del mar. Sus olas no golpean, me acarician intensamente. 
Me sacudo el cabello, subo a mi tabla. Empiezo a remar. Todo empieza a tener sentido cuando veo que las olas empiezan a buscar mi presencia. Alzándose cada vez más. Veo venir detrás del rasguño mi mayor escalera al cielo. La tomo y siento vibrar mis piernas sobre la tabla. Esta ola es interminable y me encanta. Sigo de pie hasta el final, cuando el mar me abraza. Lo veo gigante, majestuoso. 
No puedo más que dejarme llevar. La plenitud del mar me trajo de vuelta a la orilla. Lo contemplo. Soy feliz. 

viernes, 10 de diciembre de 2010

Me gustaría que después de cada relación amorosa fallida nos den un corazón nuevo. Para no angustiarnos por cada llamada no atendida, cada mensaje dejado en el olvido. Me gustaría que cada uno pueda ver en la otra persona que aparece en nuestras vidas esa luz de esperanza, de lo distinto sin tener que pasar facturas vencidas de anteriores dueños, en anteriores circunstancias. Me gustaría.